Ángela Peralta no fue sólo una voz celebrada: fue una de las primeras artistas mexicanas cuya imagen circuló como símbolo cultural del país. En el Día Mundial de la Ópera, este perfil propone mirarla como cantante, compositora, empresaria de su propia compañía y figura pública del siglo XIX.
De Las Vizcaínas a los escenarios europeos
María de los Ángeles Manuela Tranquilina Cirila Efrena Peralta Castera nació en Ciudad de México el 6 de julio de 1845. El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura documenta que debutó a los 15 años en el Gran Teatro Nacional con Il trovatore, de Verdi, y que después se presentó en ciudades como Turín, Génova, Nápoles, Roma, París, Madrid, El Cairo y San Petersburgo.
En 1862 interpretó Lucia di Lammermoor en La Scala de Milán. A su regreso mantuvo una relación constante con los escenarios mexicanos y, en 1877, presentó Aida en el Gran Teatro Nacional. También tocó el arpa, compuso canciones y formó una compañía propia.
El retrato de una nación
Una investigación del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM estudia cómo los retratos de Peralta circularon cuando volvió a México en 1865. Las fotografías y crónicas no sólo promovían a una artista: ayudaban a proyectar una imagen de nación durante el tránsito del Segundo Imperio a la República Restaurada.
Ese cruce entre voz, fotografía y prensa explica por qué su memoria permanece en teatros, calles, archivos y monumentos. Sus restos fueron trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres en 1937. El cierre útil para cualquier producción documental es volver a las fuentes: escuchar el repertorio que interpretó, leer la prensa de su época y observar cómo cambió su representación pública.
Fuentes
- INBAL: Ángela Peralta, una voz inigualable en el bel canto mexicano
- UNAM, Anales del IIE: retratos de Ángela Peralta
Retrato de Ángela Peralta, hacia 1870. Crédito: Library of Congress / Wikimedia Commons, dominio público. Sin modificaciones.